LA LEYENDA












Según el
culto ancestral
mesoamericano, los
sacerdotes eran los
únicos que podían establecer
una vía de comunicación con
los dioses. Para lograrlo realizaban
ejercicios de alteración de la conciencia que
implicaban tomar bebidas hechas a base de
agave.

Este tipo de bebidas eran de uso exclusivo en ceremonias religiosas
por un sector encumbrado de la sociedad. A los dioses de
las bebidas se les llamaba colectivamente en náhuatl
“Centzon-Totochin” (400 Conejos).

El número 400 era sinónimo de “innumerable”
o “incontable”.

Se creía que el espíritu cuatrocientos
conejos dominaba cuerpo al
tomar esta bebida, y el
comportamiento de quien
la ingería dependía
de qué conejo lo
dominara.
















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